dimecres, 17 de setembre de 2014

EL GRAN RODRÍGUEZ RIVERO


"[...]  de ciertos editores (o mejor: de ciertos managers) que siguen dándonos lecciones de comunicación y consideran que los que escribimos sobre libros en la prensa deberíamos limitarnos a lo que ellos llaman crítica, y a ser posible, a la favorable, algo que, en todo caso, las agencias de mercadotecnia a sueldo de los grupos contabilizan como publicidad gratuita del producto y cuyos informes emiten puntualmente: en ellos (tengo varios en mi codiciado archivo) se indica no sólo el medio en que se publicó, la sección del periódico, el autor y el tamaño (en centímetros cuadrados) que ocupa en la página, sino también una estimación del número posible de lectores. Y, lo que me llama más la atención, una valoración exacta del precio que les hubiera costado un anuncio que tuviera la misma extensión que la reseña o noticia (y que los editores se han ahorrado). Eso, afirman algunos con facundia no exenta de cinismo, es lo que contribuye a mejorar los hábitos de lectura (y el negocio). Por supuesto, la labor del comentarista debe limitarse al producto y no a criticar las acciones o decisiones de quienes lo fabrican, venden o distribuyen: vade retro. [...]"

La peça sencera a Purga.